¡Feliz 1 de noviembre! Un viaje a nuestra Guatemala de ayer
Por Marlon Rosales | Detrás del escritorio
Corrían los años ochenta del siglo pasado. Despertar un primero de noviembre era dar inicio a una de las épocas más hermosas del año en nuestro país.
Hoy quiero transportarlos a aquellos tiempos en los que las costumbres norteamericanas todavía no influían tanto en nuestra cultura; tiempos en los que, por alguna razón, la vida parecía transcurrir más despacio y, quizás por eso mismo, aprendíamos a disfrutarla mucho más.
Volvamos a aquel primero de noviembre. Las tradiciones comenzaban a sentirse en cada hogar y, al igual que las solemnes celebraciones de Semana Santa, estaban acompañadas de una gastronomía única, profundamente guatemalteca.
Mi Nina, como cariñosamente llamaba a mi madre, preparaba un fiambre sencillamente delicioso. Tenía un toque muy suyo, de esos sabores que jamás se olvidan. Y es que, aunque seguramente todos pensamos que el fiambre de nuestra madrecita era el mejor del mundo, yo todavía no he vuelto a probar uno que sepa como el de ella.
Y qué decir del ayote en miel, acompañado de coyoles y jocotes, aquel manjar preparado con panela que convertía cualquier mesa en una fiesta de sabores.
Recuerdo que mi madre nos hacía participar en su elaboración. Había una especie de solemnidad en todo aquel proceso, una tradición familiar que disfrutábamos desde la preparación hasta el momento más esperado: ¡sentarnos a comerlo!
Todavía puedo saborear aquellos recuerdos.
Guatemala es un país extraordinariamente rico, y una de sus mayores riquezas está precisamente en su gastronomía. No solamente por sus ingredientes y recetas, sino por el amor de quienes preparan nuestros platillos y mantienen vivas nuestras tradiciones.
Hace poco conocí de un concurso gastronómico en España en el que enfrentaron a nuestro delicioso pepián con el famoso taco mexicano. ¿Adivinen cuál ganó? ¡NUESTRO PEPIÁN!
Y no me sorprende. Así de grande y deliciosa es nuestra Guatemala.
Hoy comienzan esas tradiciones que nos anuncian el cierre del año.
Es cierto que ahora compartimos nuestras celebraciones con algunas costumbres importadas de Estados Unidos, posiblemente traídas por nuestros compatriotas que regresaron después de vivir allá, como Halloween o el Día de Acción de Gracias.
No tengo nada en contra de conocer y disfrutar otras culturas, pero sí creo que debemos tener cuidado de no permitir que lo ajeno termine desplazando lo nuestro.
¡No sustituyamos nuestras tradiciones, disfrutemos también de las nuestras!
Tenemos tanto que celebrar, tanto que compartir y tantas razones para sentirnos orgullosos de ser guatemaltecos.
Es cierto que atravesamos tiempos difíciles y que nuestro país necesita urgentemente un cambio. Pero no perdamos la esperanza.
Vendrán tiempos mejores, y buena parte de ese futuro dependerá de nuestras decisiones, de nuestra responsabilidad y de saber elegir a quienes tendrán en sus manos el destino de Guatemala.
Nuestra patria pide a gritos ser rescatada. Que Dios así lo permita y tenga misericordia de esta tierra tan bella y bendecida.
Por ahora, dejemos a un lado las preocupaciones y disfrutemos de lo nuestro.
Hoy, primero de noviembre, compartamos un buen fiambre, un delicioso ayote en miel y, sobre todo, esos momentos que algún día se convertirán en los recuerdos más preciados de nuestras vidas.
Que todo les salga bien hoy y siempre. Que disfruten a sus familias, que abracen a quienes aman y que nunca olviden de dónde venimos ni las tradiciones que nos identifican.
¡Feliz primero de noviembre, Guatemala!
Y una última recomendación, quizás la más importante de todas:
¡TRATEN LA MANERA DE ESTAR EN PAZ CON DIOS!
Marlon Rosales
Detrás del escritorio





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