Reflexión | Viejo: una palabra que no debería convertirse en desprecio

 

     

 

En esta reflexión, Marco Antonio Sagastume Gemmell aborda el trato que reciben las personas mayores en Guatemala y cuestiona la forma en que la edad puede convertirse en motivo de burla, discriminación o exclusión. A partir de experiencias personales y del caso del abogado Mario René Chávez García, el autor plantea la necesidad de reconocer la trayectoria, los derechos y la dignidad de quienes han llegado a la tercera edad.

Viejo

Por Marco Antonio Sagastume Gemmell

La palabra “viejo” puede pronunciarse con cariño, respeto o admiración, pero también puede convertirse en una forma de menosprecio. Todo depende de la intención con la que se utilice y, sobre todo, de la manera en que una sociedad entiende la vejez.

En esta reflexión quiero partir de algo que ocurrió alrededor de la candidatura del abogado Mario René Chávez García, de 94 años, quien presentó su expediente para optar a una magistratura de la Corte de Constitucionalidad. A raíz de ello aparecieron en redes sociales mensajes ofensivos relacionados con su edad.

Comentarios de ese tipo no solo hablan de una persona. También revelan la forma en que, muchas veces, nuestra sociedad observa a quienes han acumulado años, experiencia y una larga trayectoria de servicio.

Mario René Chávez García ha ocupado distintos espacios dentro del gremio profesional y la vida pública. Su historia, independientemente de cualquier valoración sobre una candidatura específica, permite plantearnos una pregunta más profunda: ¿en qué momento comenzamos a pensar que envejecer significa dejar de tener algo que aportar?

Cuando tuve la oportunidad de presidir la Junta Directiva del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, propuse que uno de sus salones llevara el nombre de Mario René Chávez García como reconocimiento a su trayectoria. Para mí, agradecer también significa conservar la memoria de quienes han dejado huella.

La vejez no debería borrar lo construido.

Hoy tengo 81 años y agradezco estar vivo. He tenido la oportunidad de recorrer distintos lugares, conocer comunidades y observar maneras muy diferentes de tratar a las personas mayores.

En algunos pueblos indígenas de Guatemala he sentido un profundo respeto hacia los ancianos. No se trata únicamente de cederles un lugar o escucharlos por cortesía, sino de reconocer que la experiencia acumulada también posee un valor dentro de la comunidad.

En otros espacios, en cambio, pareciera existir la idea de que, después de cierta edad, una persona deja de ser útil.

Esa forma de pensar merece ser cuestionada.

El 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas Mayores, una fecha que invita a recordar que llegar a la vejez no significa perder derechos, dignidad, autonomía ni capacidad para participar en la sociedad.

Una comunidad también puede medirse por la manera en que protege a sus niños, pero debemos agregar algo más: también por la forma en que trata a sus adultos mayores.

He visitado otros países donde, siendo una persona mayor, he experimentado gestos cotidianos de consideración: alguien que permite pasar primero, una atención especial en una fila o simplemente un trato respetuoso.

No hablo de privilegios.

Hablo de dignidad.

Las personas mayores seguimos teniendo derechos, responsabilidades, opiniones, sueños y la capacidad de contribuir. Algunos continúan trabajando, otros cuidan a sus nietos, transmiten conocimientos, acompañan a sus familias o participan activamente dentro de sus comunidades.

 

Vivimos más, somos más y necesitamos construir mejores mecanismos de protección social para una población que continúa creciendo.

Pero esa protección no puede depender únicamente del Estado. También requiere un cambio cultural.

Necesitamos aprender a mirar la vejez de otra manera.

No como una etapa que deba esconderse, sino como una parte natural de la vida. No como sinónimo de incapacidad, sino como un momento que puede estar acompañado de experiencia, memoria y conocimiento.

También debemos cuidar que las instituciones destinadas a proteger los derechos humanos mantengan su independencia y respondan verdaderamente a la misión para la cual fueron creadas. Esta es una preocupación personal que considero importante expresar, especialmente cuando se discuten candidaturas para ocupar cargos relacionados con la defensa de derechos fundamentales.

La edad, por sí misma, no debería utilizarse para ridiculizar o descalificar a una persona.

Llegar a viejo no debería ser motivo de vergüenza.

Debería ser, en muchos casos, la evidencia de una vida recorrida.

Y quizás algún día comprendamos que el respeto que hoy brindamos a nuestros mayores será también el respeto que nosotros esperaremos recibir cuando nos corresponda ocupar su lugar.

Marco Antonio Sagastume Gemmell
Reflexión

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