Estados Unidos ha aprobado un arancel del 25 % sobre ciertos chips avanzados de inteligencia artificial, como el Nvidia H200 y el AMD MI325X, como parte de una estrategia que mezcla seguridad nacional con política comercial y tecnológica.
Esta decisión, respaldada por la Casa Blanca tras una investigación de nueve meses bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, busca reducir la dependencia de la producción extranjera de semiconductores y estimular la fabricación local, aunque incluye exenciones para chips destinados a centros de datos, investigación y ciertas aplicaciones domésticas.
Aunque en un principio el efecto no será inmediato para el consumidor final, varios analistas advierten que los costos adicionales podrían trasladarse a precios más altos de hardware, infraestructura y servicios relacionados con IA, especialmente en soluciones empresariales y profesionales.
La medida también encaja en la creciente tensión tecnológica entre Estados Unidos y China, pues parte de este arancel se aplica a chips que se importan a Estados Unidos antes de ser enviados a mercados extranjeros como el chino, lo que modifica rutas comerciales y aumenta la complejidad logística de estos productos.
En resumen, más allá de su impacto político y estratégico, esta política arancelaria puede tener repercusiones económicas reales a medida que la industria de IA y quienes dependen de ella ajustan sus precios y cadenas de suministro.




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