La falta de inversión y las concesiones corruptas han encarecido los productos y frenado el desarrollo portuario.
Guatemala paga día a día el precio de la corrupción en sus puertos. La falta de inversión y la mala administración han provocado lentitud en el desembarque, lo que incrementa el costo de los productos.
El caso más evidente es la concesión otorgada a la Terminal de Contenedores de Barcelona, vinculada a sobornos durante el gobierno de Otto Pérez Molina. A pesar de los intentos por “salvar” el negocio, el país aún sufre las consecuencias de esa negociación.






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