.@POTUS on his phone call with PM Netanyahu: "I wouldn't say angry. I was a little bit perturbed at his constantly fighting with Lebanon. At some point, I said, 'Bibi, we gotta stop this' ... but we've worked very well together." pic.twitter.com/39wwsOURcK
— Rapid Response 47 (@RapidResponse47) June 3, 2026
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que durante una conversación telefónica con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, lo calificó de “loco” en medio de una discusión sobre la situación de seguridad y la desescalada del conflicto en Líbano.
Las declaraciones surgieron después de varios reportes que revelaron un intercambio tenso entre ambos líderes, motivado por la preocupación de Washington ante el aumento de las operaciones militares israelíes en territorio libanés. Según diversas fuentes, Trump expresó su molestia por considerar que algunas acciones podían complicar los esfuerzos diplomáticos y las negociaciones en curso en la región.
Durante una entrevista, Trump reconoció haber utilizado ese calificativo contra Netanyahu, aunque aseguró que el comentario fue producto de la frustración del momento y no representa una ruptura en la relación entre ambos gobiernos. El mandatario estadounidense afirmó que continúa manteniendo una comunicación directa con el líder israelí y que ambos comparten objetivos estratégicos en Medio Oriente.
Por su parte, Netanyahu evitó profundizar en los detalles de la conversación y restó importancia a la controversia. El primer ministro indicó que, como ocurre en cualquier relación política cercana, existen diferencias de criterio, pero destacó que la cooperación entre Israel y Estados Unidos sigue siendo sólida.
La discusión se produjo en un contexto de creciente tensión en Líbano, donde continúan los enfrentamientos y las preocupaciones internacionales por una posible expansión del conflicto. Diversos actores internacionales han impulsado llamados a la moderación y a la búsqueda de soluciones diplomáticas para evitar una escalada mayor en la región.
Analistas consideran que el episodio refleja las presiones que enfrentan ambos líderes en medio de un escenario complejo en Medio Oriente, donde las decisiones militares y diplomáticas tienen repercusiones directas sobre la estabilidad regional y las relaciones internacionales.





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