La cuarta temporada de The Witcher, estrenada el 30 de octubre de 2025 en Netflix, ha generado reacciones encontradas entre la audiencia y la crítica, y para muchos incluso ha resultado una experiencia ardua de ver.
Uno de los puntos más comentados del arranque de esta nueva etapa de la saga es el cambio de actor principal: Liam Hemsworth asume el papel de Geralt de Rivia tras la salida de Henry Cavill. Para muchos seguidores, esta transición no fue bien recibida, pues se considera que la interpretación del ‘Hombre de Acero’ era un pilar fundamental para el atractivo de la serie.
Además del cambio de protagonista, la crítica señala que las tramas de la temporada 4 han sido más simples y menos convincentes que en entregas anteriores, con episodios que se sienten estirados y algunas escenas sin sentido. Esto ha resultado en una recepción mixta: con una calificación del 59 % en Rotten Tomatoes por parte de la prensa especializada y solo 20 % por parte del público, la temporada ha dividido a los espectadores.
Pese a esto, aún queda una quinta y última temporada programada para cerrar la historia de Geralt, lo cual plantea la pregunta de si los creadores podrán redimir la serie tras las críticas actuales o si optarán por cerrar este capítulo de forma abrupta.
El análisis de SensaCine refleja cómo incluso las producciones más esperadas pueden enfrentar retos creativos que impactan la percepción del público, especialmente cuando hay cambios significativos en la identidad de sus protagonistas y en la ejecución narrativa.




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