La colegiación obligatoria de los profesionales universitarios en Guatemala tiene sus raíces en uno de los momentos más importantes de nuestra historia: la Revolución del 20 de Octubre de 1944.
Desde entonces, los colegios profesionales fueron concebidos no solamente como organizaciones gremiales, sino como instituciones destinadas a promover la superación moral, científica, técnica y profesional de sus integrantes y a velar porque el ejercicio de cada profesión responda a principios éticos.
Entre estas instituciones se encuentra el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, al cual pertenecemos miles de profesionales que tenemos una responsabilidad particularmente importante frente a nuestra sociedad.
Ser abogado o notario no puede reducirse simplemente a obtener un título universitario, incorporarse a un colegio profesional y ejercer una profesión.
Nuestra labor está profundamente relacionada con la justicia, la legalidad, la defensa de los derechos y el funcionamiento del Estado de derecho.
Por eso considero que quienes ejercemos esta profesión debemos comprender que nuestros actos tienen consecuencias que trascienden nuestros intereses particulares.
La credibilidad de un abogado se construye con ética, independencia, conocimiento y responsabilidad.
En los últimos tiempos, nuestro Colegio ha atravesado procesos electorales y situaciones que han despertado un enorme interés entre los profesionales del Derecho.
La participación de los abogados en estos procesos demuestra que existe preocupación por el rumbo de nuestra institución y por la manera en que se toman decisiones que pueden tener incidencia no solamente dentro del gremio, sino también en diferentes espacios de la vida institucional del país.
Las decisiones surgidas de procesos democráticos deben respetarse.
Cuando un gremio participa, vota y expresa su voluntad, corresponde a sus autoridades garantizar que esa voluntad sea reconocida dentro del marco de la ley.
A lo largo de mi vida profesional he tenido la oportunidad de participar en diferentes momentos relacionados con nuestro gremio y siempre he sostenido una misma convicción: los intereses colectivos deben estar por encima de los intereses personales.
Las instituciones pierden legitimidad cuando se convierten en instrumentos de grupos o personas determinadas.
Y recuperan su prestigio cuando actúan con independencia, transparencia y respeto por sus propias normas.
El Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala tiene una enorme responsabilidad porque sus integrantes participamos diariamente en la construcción del sistema de justicia.
Somos abogados quienes litigamos, asesoramos, ejercemos cargos públicos, impartimos justicia, elaboramos instrumentos legales y defendemos derechos.
Por ello, no podemos exigir instituciones fuertes si nosotros mismos no fortalecemos primero los principios que deben regir nuestra profesión.
La defensa del Estado de derecho empieza también dentro de nuestras propias organizaciones.
Nuestra profesión necesita recuperar y preservar valores esenciales: ética, independencia, respeto, preparación académica y compromiso con la justicia.
El prestigio de la abogacía no depende únicamente del conocimiento de las leyes.
Depende fundamentalmente de cómo las utilizamos y de cuáles son los principios que orientan nuestro ejercicio profesional.
Quienes hemos dedicado nuestra vida al Derecho sabemos que una sociedad necesita abogados preparados, pero sobre todo necesita abogados conscientes de la enorme responsabilidad que tienen frente a los demás.
Ese debe continuar siendo nuestro compromiso.
Con nuestro Colegio.
Con nuestra profesión.
Y, principalmente, con Guatemala.
Marco Antonio Sagastume Gemmell
Reflexión





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