La nueva rebelión de las masas | Edmond Mulet

 

     

 

En esta nueva columna de opinión, Edmond Mulet retoma las ideas planteadas por José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas para reflexionar sobre el desencanto ciudadano, la crisis institucional y la desconfianza hacia la política en Guatemala. El autor cuestiona el funcionamiento del Estado, la calidad de los servicios públicos y la falta de reformas, y advierte desde su perspectiva sobre las consecuencias de una sociedad cada vez más inconforme.

El gran pensador y escritor José Ortega y Gasset, en 1927, empezó a publicar una serie de artículos que luego se convertirían en su ensayo “La Rebelión de las Masas”. Lo escribió en medio de los torbellinos ideológicos y polarizaciones creados por fascistas y comunistas rabiosos que, aunque se encontraban en posiciones ideológicas radicalmente opuestas, buscaban la meta común de una revolución para superar las crisis casi existenciales de la época.

Los modelos políticos se habían agotado, los ciudadanos estaban cansados de los partidos politicos convencionales y se buscaba un cambio sustancial y profundo en la administración del Estado. Lo que se anhelaba eran liderazgos con conocimiento y experiencia que pusieran orden, restablecieran la justicia, garantizaran la seguridad, detuvieran la inflación, crearan empleos y administraran con honradez. Eso no lo lograron y de ahí derivó la espiral que llevó a la Humanidad a la Segunda Guerra Mundial, con su secuela de destrucción y de millones de muertos.

No era una lucha de clases sino una actitud psicológica que puede darse en cualquier estrato social. El hombre-masa disfruta de todas las comodidades, la tecnología y los derechos que la civilización moderna ha creado, pero lo hace con la inconsciencia de un niño consentido, sin comprender el esfuerzo que cuesta mantenerlos ni aceptar las obligaciones que conlleva.

El hombre-masa hace ostentación de su ignorancia, conformándose con ser idéntico a los demás y con su mediocridad, rechazando cualquier ideal de superación.

Hoy hay un sentimiento de “déjà-vu”. Lo que ocurrió hace cien años, se manifiesta de nuevo: un rechazo profundo y una abulia frente a lo público y, sobre todo, se constata la degradación de las instituciones, las que son calificadas como “papel mojado”, o sea inservibles. Los ciudadanos no se ven representados en el Estado ni protegidos por la legislación, saben que los tribunales no funcionan y que una gran parte de lo que pagan en impuestos va a parar en los bolsillos de políticos deshonestos.

En Guatemala ese sentimiento anti-sistema ha ido creciendo exponencialmente. En las elecciones del 2023 el que más votos obtuvo fue el nulo que logró más del millón. Eso, en adición al altísimo nivel de abstención. Ese desencanto (justificado) hacia la política tradicional, la aversión de la gente correcta y honrada a participar, han dejado los espacios a los malandrines, a los corruptos, al crimen organizado y al narco.

Como dijo alguien, “la mitad de las municipalidades son controladas por el narco, la otra mitad por el crimen organizado y el resto no se sabe”. ¿Cómo se va a sentir identificada la ciudadanía con un sistema que le ha dado la espalda y que es insensible a sus necesidades? Los diputados se suben el sueldo a Q66 mil mensuales y, además, se asignaron a cada uno treinta millones de quetzales en 2025, cincuenta millones en 2026 y en el presupuesto del 2027 ya incluye otros cincuenta millones para cada uno de los 160 diputados que, dicho sea de paso, son demasiados para un país como Guatemala.

 

Las urgentes e indispensables reformas políticas, a la ley electoral, al sistema de justicia, son menospreciadas por esa clase política obsoleta a la que la situación actual le conviene. No quieren el cambio porque perderían privilegios, se pondría un freno a la corrupción y se enfrentaría al crimen organizado y al narco.

La calidad de la educación, pública y privada, está por los suelos. La atención en salud es una desgracia. La infraestructura, carreteras, caminos, puentes, puestos de salud, etc., sin mantenimiento y sin construcciones nuevas.

La inseguridad crece y se multiplica a ojos vista. Los asesinatos, homicidios, robos, asaltos, extorsiones, mantienen en vilo a la población. La corrupción, presente en todas las instituciones, reina en el sistema judicial,

A varios diputados les he dicho que tengan cuidado: los postes de luz que están sobre la avenida enfrente del Congreso no van a ser suficientes uno para cada uno. De diez en diez, jateaditos, los van a ir a colgar. La nueva rebelión de las masas, como la llamaba Ortega y Gasset, harta de abusos y de cinismo, tonante y despiadada, pondrá las cosas en su lugar. Lo malo es que los buenos también sufrirán y pagarán justos por pecadores.

Edmond Mulet










Artículo de opinión. Los señalamientos, valoraciones y opiniones expresados corresponden al autor.

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