Detrás del escritorio | Marlon Rosales: ¿Quiénes son los verdaderos responsables de la crisis que vive Guatemala?

 

     

 

En esta nueva entrega de Detrás del escritorio, Marlon Rosales inicia una serie de reflexiones sobre la situación que atraviesa Guatemala. Violencia, maras, falta de oportunidades, deterioro de los servicios públicos y corrupción forman parte de un análisis que busca plantear una pregunta de fondo: ¿quiénes son realmente los responsables de que un país con tanta riqueza continúe enfrentando tantos problemas?
 

Hola, mi querido pueblo de Guatemala.

Iniciamos una nueva semana y hoy decido comenzar con algo que no me dejó en paz durante este fin de semana: pensar en el estado calamitoso en que se encuentra mi país.

Maras, una justicia más que ineficiente, hospitales deteriorados y con una atención deplorable, carreteras hechas pedazos, etcétera, etcétera, y un millón más de etcéteras.

Pero si somos un país inmensamente rico, por donde querás verlo, entonces debemos preguntarnos: ¿quiénes serán los culpables de esta debacle en la que nos encontramos?

Hoy inicio una serie de reflexiones en las que quiero que juntos podamos analizar, durante esta semana, qué tan mal estamos, cómo podremos resolverlo y en manos de quién están las soluciones.

Quiero comenzar preguntándonos algo:

¿Serán las maras las culpables de que vivamos en un estado de violencia, narcomenudeo, extorsiones y expulsión de familias enteras de sus viviendas por el control territorial?

¿Serán responsables también del reclutamiento de menores de edad para sus filas y de que, cuando alguno se niega, las consecuencias puedan alcanzar incluso a sus seres queridos más cercanos?

¿Serán ellas las culpables de que en Guatemala, para muchos jóvenes, la educación ya no sea vista como una fórmula de superación y que, en ciertos entornos, involucrarse y ascender dentro de estas estructuras parezca convertirse en una alternativa?

¿Serán ellos los únicos culpables?

Cuando analizamos nuestra historia y observamos cómo estas estructuras lograron proliferar dentro de nuestra sociedad, debemos preguntarnos también por qué no fracasaron cuando llegaron de vuelta a nuestros países.

Este modelo de organización no nació originalmente en Guatemala. Muchas de estas estructuras se desarrollaron entre comunidades latinoamericanas en ciudades de Estados Unidos, especialmente en Los Ángeles, y posteriormente se expandieron hacia Centroamérica.

La Mara 18, por ejemplo, está vinculada históricamente con la Calle 18 de Los Ángeles, mientras que la Mara Salvatrucha también tuvo sus primeros grupos organizados entre migrantes centroamericanos en esa ciudad.

Después surgieron otros grupos que adoptaron distintos nombres en nuestros países, pero el problema terminó arraigándose profundamente dentro de nuestras propias comunidades.

Nuestra sociedad, décadas atrás, no convivía con este fenómeno en la magnitud que conocemos actualmente.

Entonces surge otra pregunta: ¿vinieron con la democracia?

Puede parecer que su crecimiento coincidió con la época democrática, pero a mi criterio la democracia no es la verdadera causa de su existencia.

Tampoco creo que podamos señalar únicamente a la pobreza, ni mucho menos culpar al país.

Desde mi perspectiva, la responsabilidad de este y otros males que se desarrollaron durante la época democrática tiene un nombre que debemos analizar con seriedad:

CORRUPCIÓN.

Desde los primeros gobiernos de esta nueva etapa democrática, hemos visto repetirse una historia que muchos guatemaltecos conocen perfectamente.

Llegan nuevas autoridades, prometen cambios y, al poco tiempo, comienzan los señalamientos de funcionarios aprovechándose del Estado y de los recursos que deberían utilizarse para atender las verdaderas necesidades de la población.

Lo que debería invertirse en educación, salud, infraestructura y oportunidades termina muchas veces debilitado por malas decisiones, intereses particulares y hechos de corrupción.

Y cada cuatro años pareciera que escogemos nuevos personajes para repetir la misma historia.

Así, poco a poco, las escuelas dejaron de ser suficientes, las oportunidades comenzaron a escasear y miles de niños y jóvenes, principalmente de familias de escasos recursos, ni siquiera tienen la posibilidad de poner un pie dentro de una escuela verdaderamente digna.

 

 

Entonces debemos preguntarnos:

¿Qué queda para ellos cuando no existe educación, cuando no existen oportunidades y cuando tampoco existe un empleo digno en sus hogares?

Muchas veces queda la calle.

Y en la calle pueden encontrar violencia, delincuencia y estructuras que les prometen precisamente aquello que el Estado y la sociedad no fueron capaces de ofrecerles: pertenencia, dinero y una supuesta oportunidad de avanzar.

Guatemala es un país rico, pero durante demasiado tiempo esa riqueza ha beneficiado principalmente a unos pocos.

Algunos son delincuentes de cuello blanco; otros se esconden detrás de cargos públicos. Y cuando roban recursos del Estado, no solamente están robando dinero: están robando oportunidades a nuestra gente.

Porque si exploráramos y aprovecháramos inteligentemente la riqueza de Guatemala, todos, sí, TODOS, podríamos estar mucho mejor.

Si existieran verdaderas oportunidades de empleo para los padres de familia, si nuestros niños tuvieran acceso a una educación digna, si las comunidades contaran con infraestructura y si nuestros recursos fueran administrados responsablemente, seguramente la realidad sería diferente.

Guatemala tiene tanta riqueza que, bien administrada y correctamente aprovechada, podría generar oportunidades suficientes para transformar la vida de millones de personas.

Pero mientras unos pocos continúen apropiándose de lo que pertenece a todos, seguiremos viendo cómo desaparecen oportunidades que deberían llegar a nuestra gente.

Mañana continuaremos esta reflexión.

Espero que esta serie nos sirva para analizar qué podemos hacer como pueblo y comprender que las soluciones no pueden depender únicamente de señalar culpables, sino también de entender cómo llegamos hasta aquí y qué debemos cambiar.

Porque si naciste en Guatemala, sos mi hermano y sos parte de un país inmensamente rico.

Y te lo puedo demostrar.

Detrás del escritorio | Marlon Rosales

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